Ensayo · Devoración
Los poetas
He visto a los poetas, no terminan de entenderse.
Hablan en un lenguaje sacado de los cuentos, como si arrastraran el don secreto del idioma pétreo. Se agrupan en bancos y fogatas para conversar del teorema y la escarcha. Por antonomasia, buscan en los otros la voz que los sostenga.
Sufren de una fiebre en la mirada que les obliga habitar el mundo a la mitad: con un pie en lo posible y otro en lo que no.
Viven ávidos, eso sí; a veces como en sueños, casi siempre a media llama.
Los poetas se reconocen en las sombras. Están lejos del uno —como idea o refugio—, pero no de la unidad secreta que los hermana. Aun así, el mundo los arrastra en direcciones contrarias: unos se reparan, otros buscan destruirse.
Pero si debe quedar criterio claro: es que dan amistades como dan amores y amores como dar la vida.
Y aunque el mundo los olvide, un poeta en el fondo no depende de ser visto, porque su idiosincrasia crea la lengua.