Ensayo · Devoración

La adultez de la mirada

2024

Al recuerdo y olvido de la Colectiva Literaria Reminiscencias.

Hay un momento en que la palabra «poeta» deja de sonar como un juego y empieza a pesar.

De niños, el poeta es cualquier cosa que se mueva distinto: «una bolita», «un país que no existe», «algo que viaja», «alguien que vuela». No hay teoría, hay solo la forma limpia de ver lo que aún no ha sido nombrado.

Pero al crecer, esta mirada se vuelve sospechosa. Ya no se celebra el vuelo: se mide, se pesa, se corrige. Y el que todavía mira con ojos raros, termina siendo mirado raro.

La adultez tiene esa costumbre de traducir todo a utilidad y la poesía no sirve. No paga la renta, no organiza el horario, no responde. Así que se archiva, o peor, se convierte en un murmullo de fondo que molesta mientras uno intenta ser «productivo».

Los niños dicen: «un poeta es alguien que ha descubierto algo en el mundo».

El adulto descubre otra cosa: que lo que antes era descubrimiento ahora es catálogo, y que volar, sí… pero con el miedo de perder la compostura.

Seguir, por respeto, para dejar constancia de que algo punza, de que ese algo quedó latiendo, y de que, vale la pena nombrarlo.