Ensayo · Devoración
Exactitud o devoración
He llegado a la conclusión de que la única protección real contra el desgaste es la precisión. Cuando uno deja de ser el centro de su propio dolor y logra nombrarlo con la palabra exacta, el daño pierde su superficie de ataque, para convertirse en un objeto que podemos estudiar. Ese es el ideal: la objetivación del daño. Ser un observador para fijar el orden. Para entender que la angustia atrapada en la red de la sintaxis —el análisis de los hechos—, deja de expandirse por la sangre. Para volvernos técnicos del horror y de la ocupación.
La protección real contra el desgaste consiste en entender que no tenemos la obligación de arreglar el mundo. Nuestra única obligación es el registro de lo vivido y la construcción de la resistencia.
Cuando dejas de esperar el milagro y, por fin, abres los ojos a lo que es, aparece la lucidez. Yo creo en ese derecho; a estar presente en nuestra demolición sin ser aplastado por el derrumbe. Disolverse en la observación hasta ser el centro que queda después de que la última abstracción se haya venido a pique. Esa es la sobria resistencia del ocupa. Es la de saber que, aunque la radio solo traiga noticias de naufragios, hemos logrado construir la resistencia en el lenguaje y reclamar un sitio.