Crónicas · Carta
Maye
27/04/25
Maye,
Te escribo porque no sé qué otra cosa hacer conmigo.
Los días acá se estiran. Me he quedado más tiempo del que quería, y ya no sé si eso me alivia o me jode más. Yo quería estar en Tocancipá por estas fechas. Caminar esa calle que lleva a tu casa. Meterme en la cafetería del parque sólo para ver si estabas. Sentarme en la mesa más cerca de la ventana —aunque no abran—, para hacerme el que no te espera.
Te he pensado. Eso es lo único que puedo decir con certeza. Te he pensado con los ojos cerrados y con los ojos abiertos. Te pienso cuando cargo bolsas del mercado, cuando me lavo los dientes, cuando se hace de noche y hay ruido. Me persiguen tus gestos, Maye: el leve movimiento de tus manos cuando piensas, la profundidad en que te pierdes al mirar.
David me escribió. Me envió un poema sobre Cristo. Imagínate. Él y los santos, una mezcla que no me cuadra, pero ahí estaba, todo bonito. No sé si ya lo viste. Tal vez te lo mostró. A veces siento que él te cuenta más cosas que yo. A veces no sé por qué te cuento esto, supongo que es porque ambos somos amigos de él.
No te lo dije, pero empecé una especialización este año. Software. Sonará importante, pero lo vivo como quien empuja una piedra cuesta arriba. Estar aquí con mi familia me ayuda a no perderme, pero el cuerpo ya pide irse. Me toca volver a Canavita, por el proyecto. Tengo que regresar. Lo haré, aunque sea solo para tener una excusa y verte. Aunque sea para quedarme callado frente a ti y que no me odies por eso.
Te tengo algo. Un papel, unas palabras que son más tuyas que mías. Iban a ser para otra tarde, una donde nos tomáramos un café o camináramos un rato sin prisa, pero esa tarde no llegó. No quise darte algo a medias, y aun así decidí darte mi pulsera favorita el último día con asombro. Te lo guardé. No es un poema. No lo llamo poema. Es una forma de decirte que me dejas marcado con tu calmada manera de hacerlo todo.
Maye, yo no quiero pedirte nada. Sólo quiero que sepas que te pienso. Que te pienso sin querer, sin poder evitarlo. Y que, si puedo, iré. A verte. Autónoma. Hermosa.
Con lo que soy,
—yo, Manu
Anexo: texto entregado
Maye. A veces se queda quieta como si escuchara algo que los demás no pueden. Su forma de estar es siempre un poco lejos, un poco tarde. Y, sin embargo, cuando está, es un sitio donde uno quisiera quedarse.
No quiere nada y eso la vuelve un lugar seguro. Hay gestos suyos que me siguen durante horas: un mechón suelto, su sonrisa —un pájaro pequeño que se escapa, esa pausa que hace antes de hablar.
Y entonces todo se detiene, y es como si el mundo necesitara respirar antes de verla. No sé qué busca ni si busca, o si quiere ser encontrada, pero hay en mí, una especie de espera sin nombre, un deseo de que, por accidente o milagro, se quede aunque sea por error.
A M. R. F.